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Cool Britannia
 
[22/06/2010]

En la víspera de las elecciones británicas se hablaba de la posibilidad de un “hung parliament” (parlamento indeciso y no “colgado”, como se ha traducido literal e incorrectamente), incapaz de formar gobierno, con consecuencias internas y externas. Pero nada de eso ocurrió, porque los líderes laborista y liberal, Cameron y Clegg, ultimaron rápidamente un acuerdo de gobierno aparentemente fuerte y estable. ¿Se equivocaron los analistas políticos? ¿Pasaron por alto alguna clave? Vamos a detenernos un momento en ello.

En primer lugar, 13 años de gobierno laborista y 70 sin un gobierno de coalición siempre oxidan un poco los instrumentos de observación. En segundo lugar, el Reino Unido es un país extremadamente estable en lo político, y cualquier amenaza de incertidumbre se plantea como un encuentro a la vez morboso y temido, un derby que siempre da mucho juego. Morboso por la novedad que supondría en un parlamento donde los escándalos económicos han hecho temblar hasta los cimientos de Buckingham Palace. A los redactores jefe de los tabloides les atrajeron más los titulares temerosos que los optimistas, algo que habrá que el márketing político tendrá que estudiar. Y temido por que implicaría una paralización del país, un cuestionamiento aún mayor de las instituciones y de las costumbres del Reino Unido, quizá un crecimiento del europeísmo.

De hecho, uno de los puntos básicos del acuerdo de gobierno es un referéndum para reformar el sistema electoral con una innovación interesante de la que hablaremos otro día. Este ha sido un pacto fundamental para facilitar esta normalización de la coalición de gobierno, y una cesión tory hasta cierto punto inesperada por parte de los analistas. Otras claves han sido la poca resistencia al acuerdo ofrecida por los propios partidos, demostrando que, al menos de inicio, el tándem C&C tiene el ascendente necesario para llevar las riendas de sus respectivas formaciones, algo fundamental para garantizar la continuidad del pacto. Los partidos británicos no llegan a tener la relativa poca cohesión de los estadounidenses, pero las “sensibilidades” pueden ser allí tan fuertes como para casi refundar una formación, como demostró en su día el New Labour.

Y quizá un último detalle al que no hay que restar valor: se esperaba más resistencia por parte de Gordon Brown, más capacidad para ofrecer acuerdos de gobierno a los liberales. Pero Clegg ya dejó claro que sólo apoyaría al ganador en votos, y Brown sacó a pasear su proverbial mala uva en las negociaciones. Con esos ingredientes, y la aparente buena química entre los líderes de esta nueva hornada de jóvenes políticos Brits, sonó el God Save the Queen y Britannia sigue tan cool como de costumbre.

¿Qué hubiera pasado en España en esa misma situación? ¿Tiene este país madurez política suficiente para afrontar un reto similar con un pacto de Estado entre gigantes políticos rivales en medio de una feroz crisis? En The War Room ya lo estamos previendo y analizando…

www.redondoyasociados.com
thewarroom@redondoyasociados.com

(Publicado en Expansión.com)
www.thewarroom.es
 

 

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